El lenguaje coloquial en la poesía regiomontana

Una reflexión interesante es la de Víctor Manuel Mendiola, al expresar que: “Se publica una serie de piezas donde predomina una degradación lírica a favor del lenguaje de todos los días. Se omiten los riesgos de la producción del lenguaje coloquial y del hueco verbal ruidoso”.

La presencia del lenguaje coloquial tiene diferentes nombres y modalidades en la literatura latinoamericana, por ejemplo, para Carmen Alemany comienza con autores como Jaime Sabines, Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, entre otros,  a principios de los sesenta y los ubica dentro de la “poesía conversacional”, a la anterior nominación le distingue la combinación de frases hechas, de giros coloquiales transfigurados, citas de personajes conocidos, de canciones populares o de moda, entre otras características.

Otros poetas que tenemos como referencia en el rubro que ahora desarrollamos, son los escritores españoles de las llamadas generaciones de 1927 y 1929, pensemos por ejemplo en Dámaso Alonso, y de manera específica en su poema “A un río le llaman Carlos”, sus primeras versos dicen: “Yo me senté en la orilla, quería preguntarte, preguntarme tu secreto: / convecerme de que los ríos resbalan hacia un anhelo / y viven; y que cada uno nace y muere distinto (lo mismo que a ti te llaman Carlos). /  Quería preguntarte, mi alma quería preguntarte / por qué anhelas, hacia qué resbalas, para qué vives/ Dímelo, río, / y dime, di, por que te llaman Carlos”.

Dámaso Alonso, Antonio Machado, Rafael Alberti, entre otros, utilizan de manera magistral en distintos poemas, el lenguaje coloquial, revisten o literaturizan la realidad con eso que Carmen Alemany llama “poesía conversacional”.

Sin embargo, no debemos perder de vista lo esencial de la poesía y la preocupación estética de Manuel Mendiola en donde manifiesta que hay un abuso al utilizar el lenguaje coloquial o conversacional en la poesía contemporánea, por ejemplo, uno de los elementos linguísticos al utilizarlo es el adverbio como, al respecto escribe Ali Calderón: “Esta pobreza de construcción, se evidencia, como en ningún otro momento, cuando se introducen comparaciones al discurso. El fastidioso y uso del adverbio “como”, se ha convertido en un lastre lamentable de nuestra poesía, con sus pocas y afortunadas excepciones”.

Coincidimos  que la poesía hace referencia a palabras que están relacionadas de modo especial y que un texto no es algo definitivo, tras cada lectura hay una reconstrucción distinta, de ahí que cada texto puede ser un “complejo verbal”, de ahí la definición de poesía de Josu Landa, en el sentido de que la misma “no sólo se da como cosa creada, sino como ente propiciatorio de eventos y relaciones que habrán de derivar en realidades de pleno valor ontológico”.

Con motivo del 75 Aniversario de la Universidad Autónoma de Nuevo León se imprimieron distintas colecciones, una de ellas fue  de poesía, y dos de los títulos son: Perro semihundido de Óscar David López y Menguante de Yolanda Aguirre. En ambas obras encontramos ejemplos del uso del lenguaje coloquial, mismos en donde queda la impresión de no haberle dado importancia al ritmo, al hecho de conjugar las propiedades de consonantes y vocales y a una construcción sintáctica que contribuye a lo anterior.

Tomemos el inicio de un párrafo de Óscar López: “Llego en mi rayo, husmeantes /  mis fosas sorben mi pelusa de hembra, arruga vencida / absorbiendome en círculos” (p. 14); o de Yolanda Aguirre: “Somnolienta de tu aroma / retomo el ensueño con las manos / sin abrir los ojos / busco la postura adecuada”, (p.13). Los ejemplos anteriores los asociamos a la reflexión de Mendiola, el lenguaje coloquial no deja de ser primario, sustenta lo elemental y no lo poético. La poesía, como señala Josu Landa, “implica una red de procesos” en donde los significados o recursos retóricos y el ritmo van de la mano; proceso en donde es fundamental conocer las propiedades fonéticas de las palabras”.

En el 2004 se publicó la antología Versos veraniegos, poetas de Nuevo León, el primer texto es de Lucía Yépez, escribe: “Recorrida entre dos miradas / arráncame la noche /  atravesada de labios / para leerme dibujada en tus rodillas / Desvísteme tus ojos / ¡me olvidaste!” (p. 9).

Ya dijimos que la poesía es un “complejo verbal” o que la misma “implica una red” en donde ritmos y aspectos imaginarios deben ir de la mano para lograr el impacto de la poesía, los términos “recorrida”, “arráncame” o “atravesada” no contribuyen a la musicalidad del texto y causan la impresión de que el propósito fue recurrir a lo inmediato, a lo hueco o ruidoso, como señala Mendiola.

En la antología mencionada hay un texto de Liz Durand, en el cual el propósito estético es otro: “Deja que pruebe de tu fruto, /  de tu sabor rotundo entre los muslos / Deja que encuentre el alba / tras la cortina encendida de tus ojos” ( p.41), fragmento que se presenta atractivo por las propiedades imaginarias y lingüísticas, propicia, como señala Josu Landa, eventos y relaciones de una realidad.

 

El lenguaje coloquial en la poesía regiomontana se encuentra por doquier: suplementos culturales, plaquetas, antologías, obras personales, en citas de ensayos, en fin, es un recurso inmediato que proporciona un estatus en determinado círculo social.

Región sin dónde, antología de la poesía actual de Nuevo León, México (2004) es un texto en donde podemos leer a un buen número de escritores representativos de la escritura poética contemporánea: Armando Alanís, Jeannette Clariond, Margarito Cuéllar, René Rojas, José Eugenio Sánchez, Arnulfo Vigil, Minerva Margarita Villarreal, entre otros.

De la anterior antología podemos tomar el siguiente ejemplo de Alexandra Botto: “Ya no hay tiempo para volver atrás y derribar las puertas. /  ¿A quién podrás reconocer entre miles de cuerpos anónimos y / desbaratados /  en el valle?  Ya no es posible descifrar el epitafio ni evitar la desventura. / Quizá por eso / puede andar mi corazón de gloria, / sigo en busca  del que me hizo tanto muerto. ” ( p. 24).

Otro concepto que se asocia  con lo que ahora desarrollamos se llama “ritmo del pensamiento”, a través del encabalgamiento de ciertas frases con determinado sentido se logra el ritmo, son textos  con un lenguaje coloquial pero la intensidad de las frases o palabras determinan la armonía.

El texto de Botto lo asociamos al campo de lo poético por la forma en que está estructurado. Es cierto que es el primer párrafo de un texto extenso, sin embargo,  lo musical del mismo al parecer no le interesó, palabras como “desbaratados” o la frase con que cierra el párrafo: “sigo en busca del que me  hizo tanto muerto”, no ayudan a la propuesta, ni son elementos al inicio del texto.

Por otra parte, también leemos que en escritores consumados se dan ejemplos en donde la escritura no rebasa lo ordinario. En la obra Recuento de poemas, obra que se compone de diversos libros publicados individualmente, de Jaime Sabines, encontramos ejemplos de lo que ahora desarrollamos,  textos que se quedan en lo ordinario, no entran en el ámbito de lo poético pese a que tiene poemas geniales. Pensemos en algunos poemas que los presenta en prosa y que ahí se quedan, en prosa y en el ámbito de lo cotidiano, lo que escribió en esos ejemplos puede decirlo cualquier persona.

Regresemos a nuestro contexto local y pensemos en un  autor que desde principios de los sesenta cultivó la “poesía conversacional”: Horacio Salazar Ortiz, autor de diversos libros de poesía, entre ellos La canción que cantamos (1990). En la solapa del libro mencionado podemos leer: “El poeta escribe para todos. No hay en este libro que cualquiera que sepa leer  no advierta como un llamado a su inteligencia o a su corazón, a sus anhelos y obsesiones, y a esa escondida ternura  que sólo aguarda la luz de la poesía para manifestarse”. Y todo lo anterior es cierto, pues uno de los principios sustantivos de la poesía es que debe comunicar algo, trasmitirnos un mensaje de eso que se pone por escrito, sin embargo, la misma no solamente es eso.

Citemos un fragmento del texto “Nocturno número 9”. Escribe Salazar Ortiz: “Te conocí la noche del 9 de noviembre. /  Una noche de otoño tersa e iluminada. / Te pregunté tu nombre. Te canté una canción. /  Y entre una cosa y otra te robé una mirada.” (p. 32), qué bueno que haya escrito para todos, palabras con las que puede identificarse cualquiera pues lo que señala es común, sin embargo, la poesía tiene otros caminos y no se queda en lo ordinario; lo anterior no descarta que distintos poemas del libro señalado, sí cumplen con ese proceso de literaturizar la realidad, con recursos imaginarios y lingüísticos pertinentes.

Pensemos  en otros autores que se han consolidado con el paso del tiempo por su perseverancia al escribir, participar en proyectos editoriales o el reconocimiento nacional o del extranjero, por ejemplo, al leer la producción editorial de Arnulfo Vigil, Armando Alanís, Margarito Cuéllar, entre otros, apreciamos que en  algunas de sus obras encontramos textos  con las deficiencias que ahora desarrollamos.

Creemos lo que dice Josu Landa: “Parece claro que donde hay metáfora hay una alta probabilidad  de realización de un poema”, factor que forma parte de ese “complejo verbal”, en donde no todo consiste en comunicar algo, sino apelar a las propiedades del lenguaje y de los recursos retóricos para hacer presencia en el ámbito poético.

Ernesto Castillo

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